¿Estoy muy mal? Mirá lo que me imagino:
Una red de amigos que se ayudan, se dan, se preocupan por lograr que los otros sean felices. Se cuidan. Piensan unos en otros, y a veces se sacrifican por el otro. Amigos para quienes es fundamental que el otro llegue a ser lo que Dios quiso que fueran. Sea esto lo que sea, coincida o no con las propias aspiraciones.
Y amigos que se aconsejan según un criterio extraño: se previenen sobre los engaños del mundo, sobre las mentiras de los poderes. Y sus consejos tienen lo bueno de que no son soberbios ni sabelotodos, ni es obligación obedecerlos.
Y se ayudan materialmente. Y con su tiempo y sus emociones.
Y estos amigos no pueden evitar que otros quieran sumarse a esa clase de relación.
Y a veces se juntan y piensan qué cosas deberían cambiar para que la gente sufra menos. Que cambios en el mundo, en el barrio, y en ellos mismos. Y vuelven a aquello que los mueve, al eje de toda posible salud: la enseñanza de un carpintero genial pero molesto, eliminado justamente por desenmascarar a los poderes.
Y en esos momentos, cuando queda al descubierto la persona central de esa amistad grupal, cuando queda a la vista ese Dios discreto y poderoso, ese Dios a quien es imposible no amar, entonces, alguien propone hablarle directamente, cantarle una canción, alguien le dedica un poema, una pintura, un arreglo de florcitas.
Y nada más.
Un sistema en el que es posible disfrutar de los beneficios del reino, antes de conocer al Rey, o incluso si uno decide no tener tratos con él. Atmósfera del reino, perfume, alegrías, justicia para todo el que ande cerca.
Y para el que quiere, y sólo si lo quiere, en el centro de todo eso, un Dios de quien viene todo eso. Pero cuya adoración no es obligatoria ni es el principio, sino el final natural, el resultado de tantos bienes recibidos sin pedir nada a cambio, ni siquiera la pertenencia.
Y el problema es que me imagino eso, y después todo me sobra.
Las iglesias que conozco me sobran. La liturgia evangélica me parece tan caprichosa y gratuita y obligatoria y tan insólita como la católica. Mucho de lo que conozco como “vida de iglesia” me resulta un agregado inexplicable. El sermón y las sillas en forma de platea me parecen tan injustificables como el persignarse. Las reuniones especiales para invitar amigos me suenan tan inventadas como el agua bendita.
Y descubro, detrás de todas esas cosas que Dios no pidió, pero que son inamovibles, objetivos que casi siempre consisten en lo mismo: consolidar alguna institución.
Después de que me imaginé una comunidad del reino en su versión más simple, todo me sobra y me molesta y me irrita y me entristece.
¿Tengo alguna esperanza?
Busco Buenos Aires (también)
Mi deseo de comunidad no es un deseo aislado en la forma que lo deseo. Aquí cito el sentir de Pablo desde ahi, Debajo del Ciruelo.
Publicado por
Carolina García
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)












10 olas marinas:
oh, Carolina, estamos mal y cada vez somos más los que estamos así. ¿Quñe vamos a hacer?
Gracias por el link.
La utopía nos sigue doliendo, porque es eso, una utopía.
Dos preguntas que quedan en el aire para seguir platicando (largo y tendido).
De Anyul:
¿Qué vamos a hacer? (o ¿Qué estamos haciendoi?).
Por Greg:
Sigo tu planteamiento y entonces te pregunto ¿el Reino de Dios es una utopía?
Saludos
"Amigos para quienes es fundamental que el otro llegue a ser lo que Dios quiso que fueran" serà que podemos ser tan simples y "no egoistas"...? Este sueño me deja un amargo sabor, no porque sea malo, sino porque parece tan lejano...
Que bueno el link!
El cristianismo como "fraternidad" ¿Se nos olvido la palabra?
El cristianismo como contracultura.
El cristianismo como "hack" de la sociedad...
Tengo que escribir de eso ;)
Un abrazo fraterno
Querida Caro:
El concepto falso del post es la palabra 'sistema'. Eso me quedó clarísimo desde hace como quince años, cuando pretendí abarcar 'de un modo sistemático' lo que podía entonces saber tanto de iglesia y utopía como de los experimentos llevados a cabo en México por Vasco de Quiroga y en las reducciones del Paraguay por los Jesuitas [asignaturas que tengo pendientes: el cristianismo socialista de Polonia y las 'Iglesias' emergentes, en el Brasil].
Un cristianismo sistemático es una aberración, según mi percepción y vivencia personal.
Más que las acciones in se y per se de estar al lado del que sufre y se duele, lo que cuenta es el trasfondo y esos resortes ocultos que mueven a actuar en determinada dirección.
Para cubrir las carencias de pan, abrigo y techo tenemos a los rotarios, al ejército de salvación, a la cruz roja, los dispensarios médicos gratuitos y las cocinas comunitarias.
El grito y la postura de un cristianismo y una comunidad 'presente' más allá que los formulismos es lo único que puede salvar al cristianismo, trátese de la confesión que se quiera.
Desde hace 5 años persevero en una comunidad de evangelización católica, y me queda perfectamente claro el tipo de carencias y el tipo de exigencias que conlleva el 'estar presente' y todo aquello que está más allá de la frase tan vilipendiada de 'haré oración por tí'.
En mi caso, cuando alguien me dice 'haré oración por tí' o 'estoy haciendo oración por tí' es más provechoso y beneficioso que un plato lleno de lentejas o caldo de pollo. Porque sé que en ese momento la comunidad me percibe como a un hermano necesitado más que como un miembro nominal, más como a alguien capaz de seguir sufriendo y doliéndose y saliendo adelante que alguien que piensa tener un pie ya del otro lado, en el Reino de los cielos.
Y es difícil no pensarnos o sentirnos merecedores de gracias y/o desgracias, cuando estos momentos llegan entonces sé que ha llegado el momento de poner los pies en la tierra y bajarse de la nube.
Esto no se acaba hasta que se acaba, y el Reino de Dios como sistema es una falacia, y una utopía.
El Reino de Dios como una vocación de vida es lo que busco, y buscamos día con día.
Querido Greg. El matiz que le das a tus palabras cambia lo que leía en tu primer mensaje. Te agradezco el esfuerzo de ampliar. Enriquece en todos los sentidos.
Estoy de acuerdo contigo en lo que afirmas sobre el carácter del Reino de Dios y el cristianismo "sistematizado". Sin embargo no estoy segura que Pablo haya escrito "sistema" en el sentido que lo afirmas. Habrá que preguntarle.
Ahh esa palabreja [sistema], es tan elástica... No es lo mismo en un campo que en otro. ¡Lo que nos diría N. Luhman sobre el cristianismo hecho sistema! Je.
Hay quienes entienden la cultura como un sistema y no precisamente se refieren a una "cultura institucionalizada" sino como un conjunto de elementos que contraen una relación determinada entre sí. (tu observarás que reduzco de manera salvaje; sólo acudo a un ejemplo).
Precisamente el sentido que le entiendo a Pablo es el de "hacer presencia" más allá de los formulismos y el corte institucionalizado que nos envuelve a unos y a otros como cristianos.
Ay Greg, ojalá nos compartas más esas vivencias tuyas. Que tus palabras agitan devociones mi hermano.
Abrazo
Sí Gusmar, la realidad es que no podemos hallar en general, personas con calidad de amigos así como bien lo describe Pablo. Con todo, rehuso a creer que esto del Reino es una locura inventada: de que se hallan personas que se alegran con tus alegrías y se entristecen cuando te das a la lágrima... se hallan. Te deseo esas presencias así como una de las formas múltiples que se nos expresa el amor de Dios.
Gracias por tu lectura, querido escritor.
Si Jaaziel! Escríbenos sobre el cristianismo como "hack" de la sociedad que yo no entiendo bien eso.
Je. ¡Todo un cristiano 2.0 eh!.
Saludos cruza charcos :)
Perdón, querida.
Con las prisas fuí maleducado y no me despedí en mi post anterior...
Abrazo también para tí.
Y lo de preguntar a Pablo... nomás que me lo tope frente a frente le hago la pregunta. Si me responde te dejaré saber dicha respuesta.
Salud.
:-D
Greg.
Publicar un comentario en la entrada