Teoría de cuerdas

Hilo que
mece la vida,
el canto,
la estrella.

Hilo de trazo,
palabra,
golpe en piedra.

Hilo de letra,
hecho urdimbre,
de entraña:
el hombre.

Presencia.

D.F. Agosto 2007

1Corintios 13 (VRV)

De lo preeminente

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes,(A) y no tengo amor, nada soy.

Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

El difícil verbo de ayudar

Era un diplomado. Asistíamos cristianos de trasfondos muy variados: metodistas, bautistas, presbiterianos, pentecostales, neopentecostales.
El tema del diplomado fue la discriminación religiosa y los derechos humanos. Bastante rica la experiencia. Ni demasiado formal para recibir un asedio académico, ni demasiado ligero como para pasar sin marca formativa.

Llegó la sesión del tema sobre los derechos de las personas en reclusión. Vinieron un par de personas para exponerlo. Ambos cobijados con el psicoanálisis, pertenecían a una organización que trabaja con reclusos. Uno de los éxitos de su labor en cierto proyecto fue que la señora fulanita del reclusorio tal presentara una exposición de su obra de pintura en un museo extranjero. Las mujeres habían sentido un verdadero cambio en su vida: la expresión, el ejercicio creativo, la interacción hecha alrededor de pintar significó una dosis de libertad antes no vivida. Toda una experiencia formativa.

La perspectiva con la que la organización se acercó a las reclusas no fue común. La organización no llegó con planes hechos ni programas definidos. Se acercó a las reclusas, preguntó, indagó con ellas cuáles eran sus necesidades y qué podían hacer a su lado. Tuvieron el cuidado de no presentarse como alguien que ayuda, como alguien que educa(*).

Cuál fue la sorpresa.

Pastores, líderes y otros -sin cargo como yo-, todos involucrados en diferentes medidas con personas -con esa intención de ayudar asociada a la proclama del evangelio-, escuchamos de golpe y porrazo una afirmación abrupta, poco amable para las inercias entre cristianos:

ayudar es cuestionable y no siempre es bueno.

Escuché a una pastora decir: "jamás había escuchado que se cuestionara el hecho de ayudar" [nótese que de repente sólo se lee lo que leen quienes nos leen la Biblia].

Si ponemos atención al cómo se da, cómo se ayuda, para qué se da, para qué se ayuda, por qué se da, por qué se ayuda, tal vez nos llevemos el espanto de encontrar que es cierto: uno puede hacer y deshacer por el otro sin una pizca de amor. Sin el respeto, la libertad y responsabilidad que del amor devienen. ¿Es esta una invitación a la inmovilidad? ¿Un buen pretexto para seguir con los brazos cruzados?. Nada de eso. Sigo con otros textos sobre este tema. A ver si hallo luces y sale al fin, el asistencialismo absurdo que atenta por dentro y fuera.

(*)No hay educación sin una intencionalidad explícita al momento de intervenir con el educando, en la educación se vive una relación que implica una posición de autoridad y poder entre quien educa y es educado. Entre otros, lo afirma Emilio Durkheim. El caso es que la organización no deseaba entablar con las reclusas este tipo de relación.

Un cuento de Paz

Prisa
A pesar de mi torpor, de mis ojos hinchados, de mi panza, de mi aire de recién salido de la cueva, no me detengo nunca. Tengo prisa. Siempre he tenido prisa. Día y noche zumba en mi cráneo la abeja. Salto de la mañana a la noche, del sueño al despertar, del tumulto a la soledad, del alba al crepúsculo. Inútil que cada una de las cuatro estaciones me presente su mesa opulenta; inútil el rasgueo de madrugada del canario, el lecho hermoso como un río en verano, esa adolescente y su lágrima, cortada al declinar el otoño. En balde el mediodía y su tallo de cristal, las hojas verdes que lo filtran, las piedras que niega, las sombras que esculpe.Todas estas plenitudes me apuran de un trago. Voy y vuelvo, me revuelvo y me revuelco, salgo y entro, me asomo, oigo música, me rasco, medito, me digo, maldigo, cambio de traje, digo adiós al que fui, me demoro en el que seré. Nada me detiene. Tengo prisa, me voy. ¿Adónde? No sé, nada sé -excepto que no estoy en mi sitio.


Desde que abrí los ojos me di cuenta que mi sitio no estaba aquí, donde estoy, sino en donde no estoy ni he estado nunca. En alguna parte hay un lugar vacío y ese vacío se llenará de mí y yo me asentaré en ese hueco que insensiblemente rebosará de mí, pleno de mí hasta volverse fuente o surtidor. Y mi vacío, el vacío de mí que soy ahora, se llenará de sí, pleno de ser hasta los bordes.

Tengo prisa por estar. Corro tras de mí, tras de mi sitio, tras de mi hueco. ¿Quién me ha reservado este sitio? ¿Cómo se llama mi fatalidad? ¿Quién es y qué es lo que me mueve y quién y qué es lo que aguarda mi advenimiento para cumplirse y para cumplirme? No sé, tengo prisa. Aunque no me mueva de mi silla, ni me levante de la cama. Aunque dé vueltas y vueltas en mi jaula. Clavado por un nombre, un gesto, un tic, me muevo y remuevo. Esta casa, estas letras que forman esta imagen que se ha desprendido sin previo aviso de no sé donde y me ha dado en el pecho, no son mi sitio. Ni esto ni aquello es mi sitio.

Todo lo que sostiene y sostengo sosteniéndome es alambrada, muro.
Y todo lo salta mi prisa. Este cuerpo me ofrece su cuerpo, este mar se saca del vientre siete olas, siete desnudeces, siete sonrisas, siete cabrillas blancas. Doy las gracias y me largo. Si, el paseo ha sido muy divertido, la conversación instructiva, aún es temprano, la función no acaba y de ninguna manera tengo la pretensión de conocer el desenlace. Lo siento: tengo prisa. Tengo ganas de estar libre de mi prisa, tengo prisa por acostarme y levantarme sin decirme: adiós, tengo prisa.


en "Arenas movedizas" de Octavio Paz.
Alianza Editorial.

Otros nombres

Otros nombres

Para hoy soy,
me llamo:
desconcierto,
lucha antigua,
necia vital,
rechazo reflejo,
abandono latente,
gendarme férreo,
puerta de sueño,
amante silente,
roca sola,
contrapunto.

D.F. Junio 2007.

Lectoescritora

Lectoescritora

Quería un piano- ser pianista-, un cuerpo ágil –ser gimnasta-, una flauta –ser flautista- y así pasaron años de olvido de mi primer regalado instrumento. Por fin recordé: hilar mi nombre de cuatro letras fue parte del juego de cuatro años. Ahora sé bien sin juego: al escribir leo, suena nombre, soy.

DF. Junio 2007.

Historia de pies

Historia de pies

Descalzos en su nacer como en su morir. No es de extrañar; las historias de cómo se cubrieron a través de los años mostraron siempre el signo de la desnudez como destino. Su delicada sensibilidad pisó con fuerza, avanzó largos, sinuosos, escabrosos, inesperados caminos. Así, con minucia de artista, se hicieron nuevos en resistencia. Por la sangre caída, la pisada herida, a cada golpe y espina, se formaron nuevas cubiertas: la singular belleza, el peculiar decoro, de la piel vuelta zapato.

DF. Junio 2007