La existencia de la Chacha


(esta entrada con dedicatoria tiene el sello peculiar de que será entendida sólo por una persona)

Aquí sigo

No voy a escribir nuevas entradas en Espejos Mar Adentro sino hasta después de julio.

Regresaré a escribir sobre con-fusiones entre personas y cosas.

Y otras cosas.

Agradezco siempre su presencia al leer y comentar por aquí.

Discúlpenme que voy a parecer tan ausente, pero les aseguro: aquí sigo (me reporto usando brújula, con traje protector de buzo y buscando ir adentro en estos mares nuevos y de siempre).

Carolina

Kinder de condición humana

1.
Si
A es persona y
B es cosa:

A no es igual a B.
A que es persona, no es cosa.
B que es cosa, no es persona.

2.
Las personas pueden producir cosas.

3.
Las personas se pueden relacionar con otras personas a través de las cosas.

4.
En las relaciones entre las personas a través de las cosas, las personas se con-funden con las cosas.

5.
En la mayoría de las ocasiones, la con-fusión entre las personas y las cosas es intencional, útil y benéfica para algunas personas.

Hago promesa solemne que las entradas siguientes las escribiré sin la síntesis salvaje de esta introducción.

¿El amor es una chingadera?

En derroteros trillados de Karmatarsis, Nata propone "El amor es una vaina estúpida" como la traducción de "Love is fucking stupid", texto posteado en el blog Inhabitatio Dei. En el esfuerzo de traducir lo que se quiso trasmitir, me pregunto si el título de la entrada podría mexicanizarse con: "El amor es una chingadera".

No estoy segura.

Al margen de cuál será la mejor traducción al léxico mexicano, hago constar mi sorpresa de que un angloparlante rompa un poquitín la estructura semántica y el uso del lenguaje que tanto les caracteriza.

¡Halden Doregen hasta usó una palabrota!

Uy

Una mentira con belleza

¿Es que hacemos las cosas sólo para recordarlas? ¿Es que vivimos sólo para tener memoria de nuestra vida? Porque sucede que hasta la esperanza es memoria y que el deseo es el recuerdo de lo que ha de venir.

¡Paraíso perdido será siempre paraíso! A la sombra de nuestras almas se encontraron nuestros cuerpos y se amaron. Se amaron con el amor que no tiene palabras, que tiene sólo besos. El amor que no deja rastro de sí, porque es como la sombra de una nube, la sombra fresca y ligera en que se abren las rosas.

Sexo puro, amor puro. Limpio de engaños y emboscadas. Afán del cuerpo solo que juega a morirse. Risa de dos, como la risa del agua y del niño; la risa de la bestia bajo la lluvia que ríe.

Sobre tu piel llevas todavía la piel de mi deseo, y mi cuerpo está envuelto de tí, igual que de sal y de olor.

¿En dónde estamos, desde hace tantos siglos, llamándonos con tantos nombres Eva y Adán? He aquí que nos acostamos sobre la yerba del lecho, en el aire violento de las ventanas cerradas, bajo todas las estrellas del cuarto a obscuras.


Jaime Sabines
Diario semanario y poemas en prosa. 1961.
Recuento de poemas 1950-1993. Editorial Joaquín Mortiz.

La luz y sus hallazgos

Youssef es un hombre sensible que por ser ciego desde niño, extiende su mirada a través del tacto. Recorre con ansiedad sus manos por el papel perforado del lenguaje braile. Se esfuerza para presentar-se y hallar-se en el mundo, tocar el alma humana y expersarse através de la literatura.

Youssef es profesor de letras en la universidad, padre de una pequeña niña, esposo, querido de una comunidad iraní. De pronto, un mal se añade a su ceguera: el diagnóstico de un tumor en la córnea le exige más pruebas clínicas. Así que Youssef se ve obligado a viajar y tratar de salvarse la vida. Entonces se despide de sus amigos y familia en Irán y viaja a Francia para atenderse en un hospital. Ahí los médicos le explican que no hay mayor malestar en sus ojos, pero sobre todo, los médicos descubren que hay remedio para su ceguera.

Después de un trasplante de córnea y sin el aviso de que podría recuperar la vista, de súbito, Youssef expresa su conmoción al ver la luz, ya con la vista recuperada. Así que se quita el vendaje, abre sus ojos, se levanta, comienza un nuevo trayecto.

Todavía en el hospital, con sangre en los ojos, lleno de lágrimas, Yousseff se mira por vez primera en el reflejo de un cristal. Queda estupefacto. Sigue llorando. Se mueve como un niño, estrena movimientos, amplía su mirada, se descubre, se le transforma el propio rostro. A partir del "poder ver" cambia también su cuerpo y expresión.

Al llegar al aeropuerto, una multitud de familiares y amigos le esperan. Aplauden, le celebran. Él sólo mira. Se detiene y reconoce, se pierde en el detalle de cada gesto, los rostros se le presentan como paisajes en los que habrá que andar desconocidos trayectos. Mira el rostro de su madre, reconoce a su esposa, se sorprende ante la tierna mirada de su pequeña hija (esta escena es el trailer de la película que pueden observar en el vínculo que dejo al final de este escrito; ni una palabra, sólo música y la secuencia, pero se dice tanto).

Mientras Youssef redescubre el mundo y a sí mismo, al estrenar la mirada, a lo largo del periodo de "gracia" en el que Youssef puede ver, las escenas y secuencias aparecen como regalo para el expectador, con una fotografía exquisita, con detallismo, pero con la sencillez ante el horizonte inmenso que puede tener una pequeña hormiga en su lago recorrido. Los temas de las escenas son simples: luces coloridas de la calle a través del cristal mojado del auto, la nieve al caer, la montaña, los árboles, las hojas al viento, las fotografías de familiares, la luz de los truenos en una tormenta eléctrica, las texturas, las chispas, el fulgor colorido del metal fundido.

Como ocurre en otros sentidos, el gozo descubierto que le provoca "poder ver" le lleva a sufrir tristezas y reconocer límites que antes no había experimentado. Se da cuenta que había sido tratado con lástima durante toda su vida. Se horroriza de su fragilidad y grado de dependencia. Yousseff entonces rechaza los gestos maternos que le acostumbra dar su esposa. Comienza a desear a otra mujer. Repudia su casa, habla en un tono que enferma a su propia madre. Rechaza y quema sus anteriores escritos.

Yousseff despliga el coraje y enojo de quien mira en lo que es, las posibilidades que no son.

En ese punto de detestar su vida, sin mayor explicación, Yousseff vuelve a perder la vista.

Yousseff rechaza el trato anterior. No se permite ser el ciego de antes. Expone su vida a la muerte. Divaga, camina a tientas, llora, se golpea, persiste andar sin ayuda, parece demente.

Cuando al fin, en la noche lluviosa logra llegar a su casa, Yousseff se muestra con suma desesperación: su vida se le fue. No hay más. Ni familia, ni escritos, ni la vista ya experimentada. Nada. Yousseff se sumerge en una fuente, busca bajo el agua entre los deshechos algunos de sus escritos. Encuentra el libro ansiado: lo abre y comienza de nuevo a mirar con el tacto.

Se arrodilla, lee, y con ese tono en el que no hay gran cosa qué decir, reza:
Dios, permiteme una oportunidad para iniciar mi vida, otra vez.
En definitiva la película es un poema visual para leerse con detenimiento. La dosis de existencialismo y sensibilidad humana convoca a una fe con el ejercicio de una teología de la desesperación.

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Las cenizas de la luz (según traducción al español, en México)
"The Willow tree" del director iraní Majid Majidi.
Más datos del film aquí.